el ojo en el rock. juan eduardo cirlot

 


En el resplandor del crepúsculo la veo
Unos ojos azules llorando bajo la lluvia
Cuando nos besamos por última vez y partimos
Supe que nunca nos volveríamos a encontrar
El amor es como una brasa moribunda
Solo quedan los recuerdos
A través de las edades, recuerdo
Unos ojos azules llorando bajo la lluvia
Un día, cuando nos encontremos, más allá
Caminaremos de la mano de nuevo
En una tierra que no conoce separaciones
Unos ojos azules llorando en la lluvia.



Mi entrada de hoy será la mirada misteriosa de un millón de ojos...

Como los ojos azules a los que cantó Elvis, azules, llorando bajo la lluvia y recordados a través de las edades... Y todo ello a colación de una de mis lecturas recientes.“El ojo en la mitología” de Juan Eduardo Cirlot, reeditado por el sello independiente Wunderkammer, que hoy me servirá de hilo conductor.



Cirlot fue un poeta fundamental de la generación de la postguerra, introductor del surrealismo en España, miembro impulsor del movimiento Dau al set, además de influyente estudioso de mitos y símbolos. Te propongo, querido lector, que atravesemos sus páginas, para ver como bajo la diversas formas culturales, también el rock, palpita una corriente subterránea de arquetipos que se remontan al origen de los tiempos.





Sin duda la representación del ojo, su abstracción como símbolo, es una de las imágenes más poderosas creadas por el hombre. Pero en su libro, Cirlot se refiere especificamente al ojo monstruoso. Como monstruosos son los ojos sin rostro de esta canción de Billy Idol:




Es el ojo perturbador que puebla las pesadillas de nuestro subconsciente, el ojo rasgado por la navaja de Buñuel, el ojo de la luna en que se incrusta el cohete de Méliès, o la cortina de ojos blandos que imaginó Dalí para las pesadillas de Gregory Peck en Spellbound de Alfred Hitchcock. Son ejemplos de lo que Cirlot identifica como símbolos sagrados del inconsciente, y en este sentido señala tres manifestaciones que se reiteran a los largo de la historia en distintas culturas:


El ojo suprimido, el ojo desplazado y el ojo multiplicado:




Captain Beefheart cantando “Sus ojos son un millón de millas azules” nos recuerda que una de las  más antiguas y perturbadoras imágenes cosmogónicas es la de una figura sembrada de ojos. Ya los sumerios representaban el cielo como un toro cubierto de estrellas con forma de ojos, y es que antes del desarrollo de la tecnología, el ser humano intentaba entender el universo mediante analogías, de ahí la identificación de este órgano con las estrellas. El hombre moderno, aunque no sea consciente de ello, no se ha desligado completamente de ese conocimiento intuitivo, ni ha perdido la conexión con cierto componente espiritual, supraracional.




El ojo, tal y como profundiza el estudio de Cirlot, es uno de los arquetipos más hermosos, pero también más perturbadores que existen. De todas las manifestaciones del universo es ese punto focal en que somos contemplados por la otredad. Como el ojo de la televisión en esta canción de Iggy Pop and the Stooges. ¿Miramos nosotros la televisión o es la televisión la que nos mira? Es el ojo fascinador, y a la vez el monstruoso ojo desplazado, el ojo arrancado de su función racional, poniendo en cuestión nuestra perspectiva y el concepto mismo de realidad. 




El ojo, es uno de los principales arcanos de la humanidad que reaparece continuamente a lo largo de la historia, en distintas religiones y mitologías. Es el caso del mito griego del cíclope:

El gigante de un solo ojo. Como el título de este ska jamaicano de Baba Brooks. En la mitología griega el ojo único es un símbolo de fuerza bruta y de los impulsos primarios, representando el segundo ojo las potencias intelectuales, que equiparan al hombre con los mismos dioses. Gracias a ello, el astuto Ulises derrotó a Polifemo. En definitiva -y para acabar este breve recorrido por el libro de Juan Eduardo Cirlot editado por Wunderkammer- : Hay todo un océano de significado en unos pálidos ojos azules.





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