la música del spaguetti western
Exterior, día. Un páramo almeriense que se finge desierto de Mojave. Sobre el achicharrado perfil de las rocas, un remolino polvoriento transporta un rumor de guitarras violentas y ruidosas. A lo lejos el ladrido de un brutal coro de voces pendencieras. De repente gime un arpa y se desatan ritmos de estampida, un silbido misterioso crece hasta materializarse en un aria cantada sin palabras por una mujer de voz etérea. De repente corta el aire una armónica oxidada… Y estalla el crepúsculo sangriento al compás de una fanfarria mejicana dirigida por Ennio Morricone.
Esta es la banda sonora de la película de 1967, de Hombre a Hombre dirigida por el italiano Giulio Petroni. Y es que aunque el primer referente de esa corriente conocida como spaghetti western sea el Sergio Leone, hubo multitud de otros directores, -y muchos otros actores aparte de Clint Eastwood-, que triunfaron con estas películas tremendamente populares, tratadas con gran desprecio en su momento por la crítica, pero finalmente reconocidas por lo que tuvieron de renovación, no sólo del género, sino también de la técnica y el lenguaje cinematográficos. Y sin duda una peculiaridad imprescindible de estas películas es su tratamiento musical. Pero habría que preguntarse, particularmente en el caso de Ennio Morricone, un tipo nacido en Roma que jamás habló inglés, y que no pisó EEUU hasta pasados muchos años después de estrenadas, de dónde surgió ese sonido de resonancias tan características. Quizá la respuesta más aproximada y justa sea que obviamente no se lo sacó de la manga, que dicha música, como las películas que ilustra, consiste en un pastiche a partir del reciclaje de una gran cantidad de estereotipos y de estilos. Por ejemplo este:
Es Link Wray, un pionero de la guitarra eléctrica en los años 50. De virtuosos como él o Duane Eddy, tomó Morricone ese sonido de guitarra apremiante, rotundo mezclándolo con muchos otros elementos, enraizados en todo tipo de géneros musicales, desde el Folk al country, pasando por la revisión de las propias bandas sonoras clásicas, (los 7 magníficos por ejemplo), o sintonías televisivas, como la de la serie Rawhide, tremendamente popular en la época. Añadido a esto la influencia de la música Surf (Dick Dale y compañía) o la reinterpretación por parte de figuras del jazz de partituras sinfónicas, que se traducen en discos como Sketches of Spain de Miles Davis. Pero por supuesto igual que Sergio Leone no es el único director de este tipo de cine, tampoco Morricone es el único compositor. Simultáneamente a él muchos otros cosecharon esas mismas influencias:
La banda sonora de Django, una de tantas películas surgidas a rebufo del éxito de aquella famosa trilogía del dólar de Sergio Leone. En este caso es el argentino Luis Bacalov quien crea este tema, que años después rescataría Quentin Tarantino, impúdico saqueador de lo mejor del cine de serie B. Y ahí está el quid de la cuestión porque lo fantástico del asunto es que la propia cultura americana asume y fagocita ese destilado mestizo de sonidos, y muy pronto bandas, como por ejemplo Love incorporan a su propuesta musical elementos que nos resultan muy familiares:
Esta influencia se percibe muy claramente en los Love, -de forma patente en este Alone Again-, pero también a lo largo de las décadas siguientes en grupos como The Clash, Bauhaus, Black Sabbath o Gorillaz, y hasta en artistas tan aparentemente alejados de todo ello como son Nick Cave o Tom Waits. Podemos rastrear la influencia del spaghetti western en artistas de lo más variopinto que, desde finales de los sesenta, han ido incorporando esa mirada estilizada y un poco delirante sobre la tradición musical americana. En todos los estilos sí, hasta en el Punk:
Lo estabas esperando ¿verdad? Estos son The Vandals evocando el gran puntal del género: El Bueno, el Feo y el Malo, con lo que regresamos al maestro Morricone quien en el momento de su muerte, a los 91 años, dejó un legado de más de 500 bandas sonoras, lo que seguramente le convierte en el más imponente compositor de la historia del cine, con trabajos verdaderamente espléndidos, como sus colaboraciones con Sergio Leone o Dario Argento, o en esa obra maestra que es Los intocables de Elliot Ness de Brian De Palma. Cinema Paradiso, por supuesto, La misión, Novecento… Un listado interminable, lleno también de rarezas a descubrir como por ejemplo la banda sonora de una oscura película italiana de tono experimental del año 1967 titulada Il giardino delle delizie. Un delirio que imagina la clase de música que sonaría en el jardín de las delicias del bosco.


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